El obstáculo es el camino – Ryan Holiday

El Obstáculo es el camino – Ryan Holiday

Este es uno de los libros más conocidos del autor Ryan Holiday, el cual se titula «The Obstacle is the Way» (El obstáculo es el camino), donde nos cuenta cómo los obstáculos a los que nos enfrentamos en nuestras vidas no necesariamente son algo malo, y cómo podemos hacer para afrontarlos y dejar de lado todos los pensamientos negativos que nos invaden en esos momentos tan difíciles. Comienza la obra con un fragmento de un texto que escribió el emperador Marco Aurelio, el cual, basado en la filosofía del estoicismo, resume en gran medida lo que pretende transmitir el autor:

«El impedimento a la acción avanza la acción. Lo que se interpone en el camino, se convierte en el camino»

Así, Ryan Holiday utilizará otros personajes históricos (John D. Rockefeller, Thomas Edison, Abraham Lincoln, Rubin «Huracán» Carter, Pericles, Demóstenes, etc.) para detallar cómo ellos consiguieron superar sus propios obstáculos aplicando los principios que muestra en el libro.

Hay tres aspectos que debemos de desarrollar y dominar para tener éxito a la hora de afrontar los obstáculos que se nos presenten por el camino: percepción, acción y voluntad. Vamos a ver los puntos más importantes de cada uno de ellos:

Parte 1 – Percepción

La percepción es lo que determina cómo vemos e interpretamos lo que ocurre nuestro alrededor, y nosotros le damos significado a dichos eventos. Nuestra percepción puede ser una fuente de gran fortaleza o de gran debilidad. La disciplina ejercida en nuestra percepción nos permite ver los aspectos positivos y nos ayuda a tomar las mejores decisiones, sin la influencia de nuestros miedos o dudas.

El hecho de que algo sea bueno o malo, depende totalmente de nosotros, del significado que le aportemos. El estrés y el miedo influyen de sobremanera en nuestra percepción, y ahí entran en juego nuestros instintos, nuestras emociones. Debemos entrenarnos para ver las cosas tal y como son, enfocarnos en resolver los problemas, y no simplemente reaccionar ante ellos. Esto no quiere decir que ignoremos nuestros miedos, sino razonar por qué tenemos esos temores y darles una explicación lógica. No podemos cambiar los obstáculos en sí, pero desde luego que podemos cambiar la percepción que tenemos de ellos. Debemos concentrarnos solo en lo que podemos controlar.

Es muy importante centrarnos en el momento presente, el ahora, y dejar de lado todas las dudas de «qué pasaría sí», «y si no lo hago bien», etc. Si creemos más en el obstáculo que en la meta, todo será más fácil.

Parte 2 – Acción

Aquí ya debemos de actuar. ¿Pero cómo? Cada obstáculo que superemos nos hará más fuertes para el siguiente. Tenemos que crear inercia, por nosotros mismos, simplemente empezar, y no esperar a que las condiciones sean favorables. Hacer cosas nuevas, sin duda, nos van a presentar una serie de obstáculos que superar. Con persistencia y tiempo, podemos ir puliendo las asperezas y acercarnos cada vez más a nuestro objetivo.

Se supone que es difícil. Nuestros primeros intentos serán en vano. Va a demandar muchísimo de nosotros, pero debemos ser persistentes. La energía es una materia prima de la que siempre podemos disponer más. El fracaso juega a nuestro favor si lo que estamos tratando es mejorar, aprender, y hacer algo nuevo. Debemos seguir y confiar en el proceso. Es lo que mantiene nuestra percepción firme y nuestras acciones en sincronía. Muchos de nosotros, queremos llegar de la A a la Z, y nos olvidamos de todo el camino intermedio desde la B a la Y.

Todo lo que acontece es una oportunidad para hacer y ser lo mejor de nosotros mismos. Debemos centrarnos en los resultados, y no tanto en los métodos. Perdemos mucho tiempo pensando en cómo deberían ser las cosas, o los pasos que debemos de seguir acorde a las reglas. Pensemos en progreso, y no en perfección. A veces, no siempre ir hacia delante es la mejor solución. A veces tendremos que quedarnos quietos, movernos a los lados, o hacia atrás, para sortear lo que bloquea tu camino. Finalmente, tienes que estar preparado para que nada de lo que has hecho funcione.

Parte 3 – Voluntad

La verdadera voluntad tiene la virtud en la humildad, la resiliencia y la flexibilidad. Si la percepción y la acción eran las disciplinas de la mente y el cuerpo, la voluntad es la disciplina del corazón y del alma. De las tres, es la que está al 100% bajo nuestro control.

La mayoría de nosotros asumimos nuestras debilidades, asumimos que hemos nacido así, que somos tal cual, y no podemos hacer nada al respecto. Esto no es la mejor receta para las dificultades que tenemos que afrontar en la vida. Debemos practicar rigurosamente el «mens sana in corpore sano». Siempre hay que estar preparados para que las cosas se pongan feas. No nos hará invencibles, pero ayudará a estar prevenidos en caso de que las cosas se tuerzan, y siempre lo hacen.

Debemos de cultivar la anticipación, tener un plan de respaldo. Muchos asumimos que las cosas van a salir acorde a nuestro plan, o tenemos falsas expectativas de lo que debería de suceder, sin pensar en todo aquello que puede salir mal. Debemos prepararnos para el fracaso. Los estoicos lo llamaban «premeditatio malorum».

Para hacer y lograr cosas grandes, debemos de ser capaces de soportar tragedias y afrontar contratiempos. Por encima de todo, tenemos que amar lo que hacemos, y todo lo que eso conlleva, bueno y malo. Debemos aprender a encontrar el placer en todo aquello que nos ocurre, «amor fati». No podemos elegir todo lo que nos puede pasar, pero sí el cómo reaccionar y cómo sentirnos ante ello. ¿Y por qué vamos a elegir otra cosa que no sea positivo y bueno?

Es muy importante el aprender a ser perseverantes. La persistencia es una acción. La perseverancia es cosa de la voluntad del propio individuo. Uno es energía. El otro, fondo. También, concentrarnos en ayudar a los demás, o simplemente con dar ejemplo, nuestros miedos y problemas se verán reducidos a un segundo plano. No pensemos que todo lo malo y lo injusto que nos está pasando, es algo específico que ha escogido el destino para nosotros, es lo que es, y punto. Echemos una mano a los demás, siendo fuertes para ellos, y eso nos hará fuertes a nosotros.

La muerte no resta significado a nuestras vidas, al contrario, le da un propósito. El hecho de pensar en nuestra muerte de forma consciente y frecuente, nos hará recordar que somos mortales, y que debemos aprovechar el precioso tiempo que tenemos, cada día (memento mori). Todos moriremos algún día. Mejor si estamos preparados cuando ese día llegue. La muerte es el obstáculo más universal que hay para todos, y es donde menos podemos hacer para superarlo. Con suerte, podremos atrasarla.

Mientras más éxitos cosechemos, más obstáculos se presentarán en nuestro camino. Siempre habrán más, desafíos más grandes. Siempre estaremos cuesta arriba. Así que, debemos de acostumbrarnos y entrenar acordemente.

Creo que es un buen libro para los tiempos que corren, para cualquier persona, pero creo que también muchas cosas se verán reflejadas en el día a día del competidor, de los que vamos cada día al tatami, y en el espíritu del artista marcial.

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